Desde que una persona u objeto emite un sonido hasta que éste es escuchado por otro individuo, podríamos establecer dos fases diferentes: la propia emisión de ese sonido y la recepción del mismo, es decir, la percepción de las ondas sonoras. Pero claro, para que ambas fases tengan lugar (especialmente la segunda), se han de dar las condiciones óptimas dentro de la estancia o recinto.

La acústica arquitectónica es una rama de estudio de la arquitectura aplicada a este fenómeno en particular, y que trata de dar una solución al control del sonido. Para ello, emplea diferentes ecuaciones que servirán para crear estancias donde las ondas sonoras emitidas sigan la trayectoria y la intensidad deseada. Las técnicas usadas pueden responder a distintos fenómenos acústicos, como el de absorción, reflexión, refracción, difusión, etc.

Aunque pueda parecer en cierto sentido un concepto novedoso, lo cierto es que estas técnicas ya se aplicaban muchos años atrás, cuando ni siquiera existía la tecnología adecuada para medir la calidad de las ondas sonoras.

El inicio de esta teoría podemos encontrarla hace miles de años, con la teoría de la Música de las Esferas del matemático Pitágoras, en la que se relacionó por primera vez el espacio con el sonido. Obviamente, esta idea aún estaba por desarrollar, pero introdujo al mundo el concepto de que el sonido viaja por el espacio y puede variar según los obstáculos que encuentre por el camino.

Las primeras aplicaciones de esta teoría tuvieron también origen en la Antigua Grecia, lugar en el que todavía se conservan algunos teatros griegos como el Epidauro, y donde se dice que podías percibir con total nitidez las voces de los actores a 70 metros de distancia del escenario. Este logro fue posible gracias a un diseño arquitectónico enfocado a conseguir una mejor acústica, con elementos como la inclinación de las gradas o la colocación estratégica del escenario. Técnicas de las que, por cierto, se servirían los romanos un tiempo después y las desarrollarían más profundamente a la vista de los resultados obtenidos.

Estas técnicas, al estar empleadas en espacios abiertos, persiguen una difusión eficiente del sonido directo, expandiéndolo todo lo posible. El cambio surgió al intentar adaptarlas a espacios cerrados, donde se añadía a la ecuación la reverberación del sonido, muchas veces excesiva. Este problema no se solucionó hasta el siglo XIX, gracias al físico Wallace Clement Sabine, al que conocemos actualmente como al verdadero precursor de la acústica arquitectónica moderna, y a partir del cual podemos atribuir un antes y un después.

Este hombre ideó una fórmula capaz de medir la calidad acústica de una sala según el tiempo de reverberación, y asignó unos tiempos de reverberación óptimos según el propósito al que fuese a servir esa sala, a los cuales llegaba mediante materiales absorbentes repartidos por toda la estancia.

Desde entonces, se han realizado innumerables estudios sobre la acústica arquitectónica y se ha desarrollado para los diferentes fines a los cuales se aplica. Actualmente sigue siendo un tema en expansión, sin el cual no podríamos experimentar la calidad sonora que conocemos hoy en día, y en Ideatec queremos aportar nuestro grano de arena a esta gran evolución a la que estamos asistiendo de la acústica arquitectónica.

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