La acústica es la rama de la física encargada de estudiar la producción y la propagación de las ondas sonoras. Dentro de ella, podemos encontrar una gran multitud de campos, como la electroacústica, la acústica arquitectónica o la acústica subacuática.

Esta última se refiere a la propagación del sonido dentro del agua y al estudio de las fuentes de ruido que en ella se ubican. Los sonidos en el agua se transmiten a 1500 metros por segundo, una velocidad mucho mayor que la de propagación por aire, la cual es de 350 metros por segundo. Por ello, existen los llamados canales de transmisión, lo que permite que las bajas frecuencias o tonos graves sean percibidos a grandes distancias.

La acústica subacuática nació como disciplina a principios del siglo XX, y su desarrollo estuvo muy unido al desarrollo de la electrónica y a la tradición militar, ya que su etapa de gran desarrollo se dio a partir de la Segunda Guerra Mundial. Su estudio combina tres disciplinas: biología marina, geología y geofísica.

Hidrófonos, los aliados de la acústica subacuática

Los avances en tecnología han permitido que actualmente sea posible realizar grabaciones en el fondo de océanos y mares de forma totalmente fiel, pudiendo ser almacenados en memorias flash para posteriormente ser tratados y analizados. La posibilidad de captar y analizar el sonido en el agua ha abierto diversos campos de investigación sobre la fauna del fondo marino y ha ayudado a conocer las causas de distintos fenómenos naturales.

Para el éxito de la investigación acústica submarina, se utilizan los hidrófonos o micrófonos submarinos. Son dispositivos diseñados para captar fuentes de sonido en un líquido, especialmente en el agua. Existen modelos que emiten ondas sonoras por sí mismos, pero son menos frecuentes.

Las ondas sonoras se encuentran presentes en dentro el agua en forma de presión. Los hidrófonos son los encargados de convertir esta presión en energía eléctrica, es decir, en un espectro sonoro audible para el ser humano, su comprensión y estudio. Por ello, han de adaptarse a distintas presiones.

Cuando distintos hidrófonos reciben señales sonoras, se puede ubicar la fuente emisora mediante triangulación. Tras ello, se representa en un monitor y se observa su posición y dirección a través de algoritmos. Sin embargo, antes de analizar el sonido registrado por el hidrófono o sonar, se debe aislar de los ruidos que contiene, como el movimiento del agua, el provocado por el hombre o el ruido térmico.

Los hidrófonos son muy útiles a la hora de detectar un evento hidroacústico. Este concepto hace referencia al ruido debajo del agua, que puede ser desde el sonido causado por un animal hasta el ruido del motor de una embarcación. Es muy importante analizar la frecuencia, la amplitud y la permanencia del ruido para determinar si se trata de una anomalía hidroacústica.

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